Las mujeres que ejercen la maternidad en prisión enfrentan barreras estructurales: la falta de espacios adecuados para el cuidado infantil, la escasez de programas de estimulación temprana y las limitaciones para su reinserción social derivadas de las responsabilidades de cuidado, todo ello en un contexto institucional carente de perspectiva de género. Actualmente, más de 300 niñas y niños permanecen invisibilizados y desprotegidos dentro de los centros penitenciarios.